viernes, 6 de octubre de 2017

Madeira, paraíso de los mil paisajes

Tenía muchas ganas de visitar la isla de Madeira, tras dos intentonas que en su día no uso ser. Por fin esta vez, de la mano de la Oficina de Promoción de Madeira y de las Extreme Sailing Series, después de una hora de vuelo entre Bilbao y Lisboa, una hora escasa en la capital Lusa y dos horas sobre el Atlántico, un descenso espectacular y un aterrizaje “de libro”, puede pisar esta tierra, paraíso de mil paisajes, situada en medio del Océano Atlántico.


Madeira es la isla más grande de este archipiélago portugués, que lo forma junto a la de Porto Santo y otros 5 pequeños islotes. Las dos islas principales están unidas por un ferry que tarda poco más de dos horas en hacer el recorrido. Aconsejable también visitar el tranquilo Porto Santo, con sus largas y excelentes playas de arena fina o escapar del mundanal ruido en sus acogedores hoteles y restaurantes.


Nada más desembarcar nos encontramos con una temperatura agradable tras una pequeña tormenta que había descargado a media mañana, con sol y nubes, panorama que nos acompaño durante toda nuestra estancia y que suele ser el habitual en aquella latitud. Para nuestra estancia en Funchal, la capital del archipiélago, nos alojábamos en el hotel Pestana Casino Park, muy céntrico, con buenas vistas y con una decoración con cierto aire de finales de los años 70… Y allí recibimos la primera sensación de que estábamos en un mundo donde la amabilidad y ganas de quedar bien es lo primero que notas hacia el visitante. El hotel está situado al lado del Casino de Madeira y la Sala de Conferencias, y los tres edificios fueron diseñados por el arquitecto brasileño Oscar Niemayer, quien fuera miembro del equipo que diseñó la ciudad de Brasilia, y en muchos aspectos estas construcciones se asemejan a algunas de la capital brasileña.


El motivo principal de la visita era asistir a la regata de las Extreme Sailing Series que se celebraban en aguas frente a Funchal, la capital de Madeira. Lo primero, tras dejar los equipajes, fue ir a visitar el espacio donde se celebrarían las regatas. Allí tomamos contacto con la sala de prensa y nos acreditamos. Los dos días que asistimos a las pruebas los vivimos intensamente, tanto desde tierra, ya que el campo de regatas estaba muy cerca, como desde el barco de prensa y además, en una de las mangas, navegando en uno de los GC32, el NZ Extreme Sailing Team.


Durante 4 días las mangas con estos espectaculares catamaranes voladores se fuero sucediendo, hasta un total de 21, y suspense hasta la última, en la que los daneses del “SAP Extreme Sailing Team” se coronaron in extremis campeones del Acto 3 de Extreme Sailing Series™ con los suizos del “Alinghi “en 2ª posición y el “Oman Air” en la tercera posición del podio.

Pero también teníamos una cita turística y cultural, y la isla de Madeira derrocha lugares que se pueden visitar.


En la capital, un paseo por la parte vieja, donde nos encontramos con la interesante arquitectura y los colores, sabores y olores del Mercado dos Lavradores, siempre muy animado,


con las típicas floristas ataviadas con los trajes típicos que venden las variedades de flores de la isla, y como no, la Rua de Santa María, una galería de arte al aire libre.


Se trata de una iniciativa de sacar el arte a la calle, "Arte de Portas Abertas", presentando los diseños de puertas más variopintos y originales. Para ver con detalle las puertas, lo mejor es visitar a la mañana, que los locales aún están cerrados y casi no hay gente. A la tarde-noche se transforma, siendo un buen sitio de tapeo, con muchos y divertidos bares y tascas, donde se puede degustar la buena gastronomía de la isla, basada en la tradición campesina y marinera, con entrantes como el “bolo do caco”, típico pan de trigo que se sirve caliente con mantequilla de ajo y perejil, o la “sopa de tomate e cebola” o unas lapas a la parrilla, y como plato principal destacan los pescados, el atún, la “espada” (sable negro) y el “bacalhau” entre otros, siendo uno de sus platos estrella el de espada con maíz frito (milho frito) y plátano. Pero las carnes también son excelentes, con la célebre “espetada”, que es una brocheta de tallo de laurel con grandes trozos de carne de res pasadas por ajo y sal y cocinadas al grill de madera. También son célebres sus carnes de cerdo y pollo. Entre los postres abundan los dulces y la fruta, y para beber, además del mundialmente conocido Vino de Madeira, se dan otros vinos de diferentes cepas, pero por lo que se encuentra en toda la isla es la “poncha”,


bebida tradicional que puede consumirse fría o caliente. Es aguardiente, mezclada con miel de caña y zumo de limón o de naranja natural. En la visita a la capital es indispensable para ver toda su extensión ascender en el teleférico hasta la población de Monte, desde donde se puede ascender en otro teleférico hasta el Jardín Botánico o descender en los excitantes "Carros de Cestos" hasta Funchal.


La mayoría de los monumentos y Museos se sitúan en el centro histórico, junto al puerto. Dada la importancia de la religión católica en el pasado, muchos de estos edificios son iglesia y capillas, además de edificios militares dada su situación estratégica.

La isla de Madeira tan sólo tiene 57 km de largo por 22 km de ancho y se puede recorrer por las vías rápidas en menos de una hora, pero si queremos disfrutar de sus increíbles paisajes, profundos acantilados, altas cumbres, cascadas, frondosos bosques y coloristas jardines, lo mejor es utilizar las carreteras antiguas. Para ello es recomendable alquilar un coche, o si se quiere más libertad, una moto, ya que hay agencias especializadas que te alquilan desde una simple bici hasta una potente Harley Davidson.


Y nosotros optamos por esa segunda opción, moviéndonos por las reviradas carreteras a lomos de esta peculiar motocicleta. Durante 8 horas visitamos los más recóndidos rincones de la Isla,


visitando el Cabo Girão, que con más de 580 metros de altura es el acantilado más alta de toda Europa, Cámara de Lobos, pueblo pesquero con sus típicas barcas de colores, las increíbles piscinas naturales de Porto Moniz en el norte de la Isla, 


ruta de las cascadas, el macizo central… Lo que también llama la poderosamente la atención son los pequeños espacios donde se realizan cultivos, utilizando cualquier sitio para una pequeña huerta donde cultivar en esta fértil tierra.


Anteriormente, sobre un vehículo todo terreno, visitamos el Pico do Arieiro desde donde las vistas son espectaculares, que está a 1818 metros sobre el nivel del mar y se divisa una gran parte de la Isla. La subida fue por carretera de asfalto,


pero la bajada la hicimos por pistas y el empedrado “Antiguo Camino Real”,


atravesando frondosos bosques (laurisilva) con una gran diversidad de especies botánicas y zoológicas, haciendo una parada junto a un criadero de truchas para comer y hacer una pequeña ruta a pie por una de las numerosas “levadas”.


 Para los que les guste, la isla está llena de rutas para senderismo o cicloturismo de mayor o menor distancia según las posibilidades y ganas de cada uno.

Tierra de mil contrastes, desde los oscuros bosques a los miles de colores de sus flores y jardines botánicos, con profundos barrancos y altas montañas, temperaturas frescas en las alturas y cálidas en la costa, y siempre nos hemos encontrado con unas gentes amables y sonrientes, una gastronomía excelente, características que unidas a esos mil contrastes hacen de Madeira un lugar único en el Mundo que además te deja... ¡con ganas de volver!
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©Luis Fernandez