Cuando Gonzalo Azumendi, fotógrafo de viajes de los buenos, me propuso escaparnos a Cerler para un reportaje, supe que no sería un viaje cualquiera. Pero también tuve claro algo desde el primer momento: si queríamos descubrir de verdad la estación, tenía que ser con los Embajadores de Cerler.
Porque hay lugares que se visitan… y otros que se entienden.
Llegamos el domingo 15 de marzo con la estación cerrada por viento, pero nuestra intención era esquiar lunes y martes, que ya cambiaba el tiempo. El Hotel Evenia Monte Alba nos acogió con su buena cocina y amabilidad, y el alquiler lo hicimos en Roca Roya, ambos sitios con la comodidad que da el que se encuentren situados muy cerca del remonte de acceso a pistas.
La búsqueda (y el pequeño caos inicial)
Nuestro primer objetivo fue confirmar si los Embajadores estaban disponibles el lunes. Yo pensaba que este servicio, gratuito, por cierto, solo funcionaba los fines de semana. Pero no: ahí estaban.
Perfecto. O eso creíamos.
Porque lo que vino después fue ese pequeño caos tan típico de los viajes: retrasos, vueltas, el punto de encuentro que no aparece… y la sensación de que los estamos perdiendo.
Hasta que pasa lo que solo pasa cuando viajas: en una silla cualquiera, compartimos subida con un enamorado de Cerler que, sin conocernos de nada, se implica lo suficiente como para ayudarnos a encontrarlos.
Cuando aparecen, lo entiendes
De repente, los ves:
Cómo vivir la experiencia
Si vas a Cerler, esta es una oportunidad única que no debes perder. Sábados, domingos y lunes a las 10:30 en la cota 1500, punto de reunion.
La búsqueda (y el pequeño caos inicial)
Nuestro primer objetivo fue confirmar si los Embajadores estaban disponibles el lunes. Yo pensaba que este servicio, gratuito, por cierto, solo funcionaba los fines de semana. Pero no: ahí estaban.
Perfecto. O eso creíamos.
Porque lo que vino después fue ese pequeño caos tan típico de los viajes: retrasos, vueltas, el punto de encuentro que no aparece… y la sensación de que los estamos perdiendo.
Hasta que pasa lo que solo pasa cuando viajas: en una silla cualquiera, compartimos subida con un enamorado de Cerler que, sin conocernos de nada, se implica lo suficiente como para ayudarnos a encontrarlos.
Y ahí cambia todo.
Cuando aparecen, lo entiendes
De repente, los ves:
Por la pista aparece un grupo de hombres y mujeres vestidos de negro, bajando con esa elegancia que no se aprende en un día. No hace falta que nadie diga nada: sabes que estás ante gente que lleva la montaña en la sangre. Marta llega la primera y coordina. Presentaciones rápidas y nos asignan a nuestros embajadores: Bea y Julio, qué lujo!!
Y ahí empieza la magia.
Bea es de esas personas que impresionan sin necesidad de decirlo: esquiadora, piloto profesional de helicópteros y montañera. Conoce cada rincón, cada línea, cada secreto de estas montañas.
Y luego está Julio, que ese mismo día cumplía 84 años.
Pero no es un dato. Es una lección.
Porque verlo esquiar es entender que la pasión no tiene edad. Técnica impecable, serenidad en cada giro… y una mochila llena de historias de medio mundo que hacen que cada remonte se convierta en una conversación que no quieres que termine.
Y luego está Julio, que ese mismo día cumplía 84 años.
Pero no es un dato. Es una lección.
Porque verlo esquiar es entender que la pasión no tiene edad. Técnica impecable, serenidad en cada giro… y una mochila llena de historias de medio mundo que hacen que cada remonte se convierta en una conversación que no quieres que termine.
Más que esquiar: entender Cerler
Lo que sucede durante las siguientes tres horas no es solo esquí, es otra cosa.
Es recorrer las pistas más emblemáticas mientras alguien te cuenta por qué son especiales. Es deslizarte sabiendo lo que estás viendo. Es levantar la mirada y reconocer nombres que hasta entonces eran solo mapa: Aneto, Gallinero, Maladeta…
Y, de repente, todo cobra sentido. La estación deja de ser un lugar y se ha convertido en una historia.
Lo que sucede durante las siguientes tres horas no es solo esquí, es otra cosa.
Es recorrer las pistas más emblemáticas mientras alguien te cuenta por qué son especiales. Es deslizarte sabiendo lo que estás viendo. Es levantar la mirada y reconocer nombres que hasta entonces eran solo mapa: Aneto, Gallinero, Maladeta…
Y, de repente, todo cobra sentido. La estación deja de ser un lugar y se ha convertido en una historia.
Una iniciativa única en España
Detrás de todo esto hay una idea brillante. Los Embajadores de Cerler nacieron en 2007, impulsados por Gabi Mur, entonces director de la estación, inspirado en modelos de estaciones de esquí de Estados Unidos. Pero aquí hay algo que lo hace diferente: el alma.
Son esquiadores veteranos, apasionados, la memoria viva de Cerler, que dedican su tiempo de forma totalmente altruista a compartir lo que saben. Hoy, un equipo de unas 15 personas mantiene vivo este proyecto único en España.
Detrás de todo esto hay una idea brillante. Los Embajadores de Cerler nacieron en 2007, impulsados por Gabi Mur, entonces director de la estación, inspirado en modelos de estaciones de esquí de Estados Unidos. Pero aquí hay algo que lo hace diferente: el alma.
Son esquiadores veteranos, apasionados, la memoria viva de Cerler, que dedican su tiempo de forma totalmente altruista a compartir lo que saben. Hoy, un equipo de unas 15 personas mantiene vivo este proyecto único en España.
Y se nota, porque no están trabajando, están transmitiendo!!. Conocen la montaña, la sienten y saben transmitirla.
Cómo vivir la experiencia
Si vas a Cerler, esta es una oportunidad única que no debes perder. Sábados, domingos y lunes a las 10:30 en la cota 1500, punto de reunion.
Te unes, te presentas… y dejas que la montaña haga el resto.
Sin prisas, sin postureo, sin filtros, solo esquí, historias y pasión.
Sin prisas, sin postureo, sin filtros, solo esquí, historias y pasión.
El verdadero lujo
En un mundo donde todo parece tener precio, esto sigue siendo gratuito.
Pero que nadie se engañe: no es barato, es valioso. Porque esquiar con los Embajadores de Cerler no es solo mejorar tu experiencia en pista. Es conectar con el lugar, con su gente, con su historia.
Y eso… eso sí que no se olvida ni tiene precio!!
En un mundo donde todo parece tener precio, esto sigue siendo gratuito.
Pero que nadie se engañe: no es barato, es valioso. Porque esquiar con los Embajadores de Cerler no es solo mejorar tu experiencia en pista. Es conectar con el lugar, con su gente, con su historia.
Y eso… eso sí que no se olvida ni tiene precio!!
Luis Fernandez