lunes, 7 de septiembre de 2015

La Regata de Clásicos de Mahón vista por "Coquine"

COPA DEL REY PANERAI 2015

Mi nuevo amigo Luis Fernández me ofreció la oportunidad de escribir sobre uno de los temas que más me han apasionado siempre. La vela. Yo quería ver desde el mar una regata de clásicos, él me incorporó como redactora de su blog, www.lamarsalada.info, me subió a un barco y me dijo que escribiera lo que quisiera desde el punto de vista de quien, como yo, la vive por primera vez. Libre como el mar. Bien empezamos. A él le debo la oportunidad de ver metros y metros de enormes velas desplegadas en barcos centenarios que navegan como si no hacerlo fuera un insulto a su grandeza. Por eso y por su amabilidad, gracias Luis.

Allá vamos.


Los Clásicos:
Hace unos quince años que conozco el mundo de la vela y pocas veces como ésta me han impresionado tanto los barcos. Ni los Copa América, ni los Volvo… a todos los he visto de cerca y, pese a ello, los clásicos lo han superado todo… nada tiene el encanto de un barco clásico. Su porte y elegancia, sus experiencias, las millas navegadas… Ni toda la tecnología del mundo puede sustituir eso… Es como si supieran que dentro de cien años ellos seguirán navegando, haciendo historia. Enamorando al mar.

Mahón:
Para mayor satisfacción de quien escribe (acostumbrada a bellas costas, que nadie piense lo contrario) jamás un escenario ha encajado tanto con un barco como Mahón. El entorno, histórico, como de película, era tan adecuado para la regata que acogía que parecía como si cada uno de los clásicos hubiera nacido para navegar en sus aguas. Y su tamaño, pequeño, recogido, obligaba a una necesaria convivencia difícil de encontrar en otros fantásticos puertos tal vez demasiado grandes para forzar el agradable roce, como el de Barcelona. Por eso, aunque ha sido la primera, creo que esta regata es única.


El club, el comité, Panerai, la organización:
Sé que es poco frecuente que alguien se acuerde de Santa Bárbara si no truena, pero lo cierto es que no tronó en Mahón y eso fue un gran éxito. Para quienes hemos vivido las regatas desde el punto de vista de quien las organiza, que algo salga tan bien merece una enhorabuena. Salvo un día que se hizo demasiado largo (también hay que poner a prueba la resistencia) no hubo quejas mayores. Una lástima que haya que esperar dos años para la siguiente. Gracias por ser tan profesionales. Gracias por traerme a viejos amigos desde otras costas centenarias. (Tú ya sabes que me refiero a ti).


Los regatistas:
Y las regatistas. Las chicas del Marigan, irrepetibles, fueron cada noche el alma de un village en el que el poco español que se hablaba lo marcaban sus pasos de baile. Divertidas e incombustibles. Como su barco. Perfectas. Hicieron de esa pequeña Torre de Babel un lugar donde uno se comunicaba al ritmo de sus contagiosas carcajadas. Había más españoles. En el Argos, por ejemplo, caras conocidas de otros puertos. Sentidos homenajes a amantes del mar que nos abandonaron. Romántico y agradable. Muy bonito.
Con todo, nunca fue tan poco importante saber hablar idiomas. Amantes del mar y de la vela de todo el mundo se concentraban en un pequeño puerto en el que nadie estaba en casa. Tal vez por eso, la hospitalidad, el compañerismo entre las tripulaciones y con gente que, como yo, sólo iba a mirar, fueron la tónica dominante. Se navega en el mar, pero no sólo en el mar. Las regatas en tierra las gana la calidad humana. Y de eso hubo mucho en Mahón.

El Moonbeam IV:

Y ahora sí, me permitirán que hable del protagonista absoluto de mi experiencia en Mahón.


Mi querida amiga Diana (que lleva el nombre de una gran diosa guerrera por algo) navega en el Moonbeam IV. Desde que nos conocimos, casi adolescentes, entre barcos, velas, libros y marineros, son muchas las experiencias que hemos vivido junto al mar. Pero tal vez sea Mahón y el Moonbeam IV la que más deba agradecerle.


Me ha roto el corazón.
La gallardía, la infalibilidad, la adoración por el mar y por la vida que se respira en ese barco sólo se comprende cuando conoces a Mik, el capitán (ya mi capitán), y te enteras de que es un gran amante de los boleros. Sólo quien tiene esa sensibilidad puede gobernar así un barco (navega como baila, con pasión). Sólo alguien como Mik merece un barco como el 8. Elegancia pura desde el principio, gracias a él pude compartir con su tripulación muchos y grandes momentos. Eternamente agradecida, capitán.
Ellos me adoptaron. Por su culpa, o gracias a ellos, Mahón, para mí, siempre tendrá el sonido de la gaita de Dom, magnífica, dominando el puerto y anunciando la llegada del barco más majestuoso de la isla. Todas las gaitas, ahora, me devolverán de vuelta a ese puerto, a ese atardecer, a ese barco, a esos días en los que se duerme tan poco pero se vive tanto.
Me gusta dormir, pero me gusta más soñar. Y ellos, chicos y chicas del Moonbeam IV (también del III), me han hecho soñar. Durante cuatro días, con mi limitada capacidad idiomática intenté sin éxito encontrar para Luc (mi alumno predilecto de español) una palabra que los definiera. Ahora sólo una me ronda la cabeza. “Conquistadores”.
Conquistadores de retos, de metas y de corazones. El mío, roto, todavía duele porque, con su partida, cada uno de ellos se llevó un trocito.
Pero eso ya lo sabía. Hace años comprendí a Neruda. A Sabina. “Amo el amor de los marineros que besan y se van”. Ellos también lo comprenden así y tal vez ahí esté su encanto. Espero que su regreso no sea sólo una promesa.
Me enseñasteis que el descaro es una virtud cuando estás fuera de casa porque es la mejor manera de conocer a gente maravillosa en tan poquito tiempo. Por eso sé que “Coquine” es un apodo cariñoso. Y estoy encantada de que me lo pusierais.


Ya sabéis cuál es mi puerto: Mik, Luc, Dominique, Cristina, Guillaume, Christophe, Louis, Gico, Jordi, Natalia, Joel, Tiste, Manolo… Mi Diana. Seguro que me dejo a mucha gente y tal vez escriba mal vuestros nombres, pero vuestros recuerdos son y serán perfectos para siempre en mi memoria.
Si algún día venís por aquí, por favor, tocad la gaita y acudiré a vuestro encuentro.

I fell in love with you… Je vous aime. A vosotros, a los clásicos y a Mahón. Para siempre y sin remedio.

Merci.

María Climent

Muchísimas gracias María por esta interesante visión, y qué bueno ese apodo, "Coquine", que creo que traducido debe ser algo así como "desvergonzada"... algo que creo necesario para ser un buen periodista, pero eso si, con la debida educación. No te has cortado ni un poco: me hiciste caso sin conocerme, entraste con paso firme y no te dio reparo embarcarte casi sin conocer a nadie. Yo no te pude acompañar, solo te di "bautismo de clásicos" desde la distancia y por wassap, pero después de leer esta nota, se que no me equivoqué al nombrarte redactora. 

Espero que esto no quede aquí y sigas contando tus experiencias náuticas en este humilde blog.

Luis Fernández / lamarsalada.info
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