La botadura supone un momento histórico para el proyecto galo, ya que es la primera vez que un mismo Challenger francés afronta dos campañas consecutivas de la America's Cup, manteniéndose al mismo nivel de actividad que los principales equipos internacionales.
La nueva imagen del AC75, que se presenta tres meses después de la incorporación de La Roche-Posay al proyecto, simboliza una alianza basada en la ciencia, la innovación y la búsqueda del máximo rendimiento. De cara a la 38ª America's Cup, el proyecto ofrecerá además a la marca un auténtico laboratorio al aire libre donde poner a prueba sus protocolos de protección solar y reparación de la piel frente a los rayos UV, la sal, el viento y las condiciones extremas propias de la alta competición.
Con sus 75 pies (casi 23 metros) de eslora, el AC75 es uno de los veleros de competición más rápidos y sofisticados jamás construidos. Gracias a sus foils (hydroalas), es capaz de elevar completamente el casco sobre el agua y superar los 50 nudos de velocidad. Pero detrás de la espectacular imagen de un monocasco "volador" se esconde un auténtico laboratorio tecnológico, en el que la aerodinámica, la hidrodinámica, la electrónica, la hidráulica y la ciencia de los materiales deben funcionar como un único sistema.
Para La Roche-Posay Racing Team, esta botadura marca el final de una larga fase de desarrollo en tierra y el inicio de una nueva etapa: la validación del trabajo realizado en condiciones reales de navegación.
"Una botadura siempre es un momento muy especial. Durante meses hemos trabajado sobre planos, simulaciones, componentes y sistemas. El día en que el barco vuelve al agua, todo debe funcionar como un conjunto. Es el final de una primera fase, pero también el verdadero comienzo del proceso de validación",asegura Antoine Carraz, director técnico de La Roche-Posay Racing Team.
Un barco conocido, pero profundamente transformado
El reglamento de la 38ª America's Cup obliga a los equipos que ya participaron en la edición anterior a partir de un casco ya existente. El desafío, por tanto, no consistía en construir un nuevo AC75, sino en adaptar el utilizado en 2024 a un marco técnico completamente renovado.
Aunque el casco principal se mantiene, gran parte de los elementos que permiten navegar, volar y controlar este monocasco volador han tenido que rediseñarse. La cubierta, los cockpits, la distribución de pesos, los sistemas de control, los circuitos eléctricos e hidráulicos y la ergonomía de la tripulación se han revisado por completo para cumplir con el nuevo reglamento.
"Exteriormente, el público reconocerá el barco de 2024. Pero, desde el punto de vista técnico, es mucho más que una puesta al día. Hemos tenido que replantear toda su arquitectura interior y la forma en que la tripulación interactúa con la embarcación. El reto consistía en transformar profundamente el barco manteniendo la plataforma original”, explica Antoine Carraz.
Este cambio de enfoque se refleja también en el desarrollo. Si en la pasada edición buena parte del rendimiento dependía del diseño de un nuevo barco, de cara a la 38ª America's Cup el trabajo se centra mucho más en la integración de los sistemas, la fiabilidad, la eficiencia energética, el control del vuelo y, más adelante, en el desarrollo de los apéndices.
De ocho a cinco tripulantes: una nueva organización a bordo
El cambio más visible afecta a la tripulación. En Barcelona, el AC75 navegaba con ocho regatistas a bordo. En Nápoles serán únicamente cinco, con la obligación de contar al menos con una mujer en el equipo.
Esta reducción no consiste simplemente en eliminar tres puestos, sino que obliga a redistribuir las funciones, replantear la posición de cada tripulante y hacer que cada tarea sea más accesible, rápida e intuitiva.
Por ello, tanto la cubierta como los cockpits han sido rediseñados. Cada miembro de la tripulación deberá acceder de forma inmediata a toda la información necesaria para gobernar el barco, ajustar las velas y controlar el vuelo.
"Pasar de ocho a cinco tripulantes lo cambia todo: la ergonomía, las comunicaciones, el reparto de tareas y los sistemas de control. Con menos personas a bordo, cada acción debe ser más sencilla, más directa y estar perfectamente coordinada. Hemos trabajado para que el barco siga siendo extremadamente competitivo sin que resulte más complejo de manejar para la tripulación", señala Carraz.
Además, el AC75 incorpora un sexto cockpit destinado a un invitado, que podrá embarcar tanto en los entrenamientos como durante las regatas, aunque sin intervenir en la navegación. Se trata de una novedad inédita en este deporte, ya que permitirá vivir la experiencia de la competición desde el corazón del equipo y en tiempo real a una persona invitada.
De las piernas a las baterías
En la 37ª America's Cup, cuatro tripulantes generaban energía a bordo pedaleando. Estos cyclors, entre otras funciones, producían la energía hidráulica necesaria para el trimado de las velas.
En la próxima edición desaparecerán. La energía será suministrada principalmente por baterías, lo que ha obligado a rediseñar por completo la arquitectura eléctrica e hidráulica del AC75.
"La desaparición de los cyclors supone un cambio muy importante. Hasta ahora, una parte del rendimiento dependía directamente de la capacidad de los tripulantes para generar potencia. A partir de ahora tendremos que gestionar la energía disponible a bordo: almacenarla, distribuirla y utilizarla en el momento preciso, con la máxima eficiencia", explica Carraz.
Como ocurre en un vehículo eléctrico de competición, cada vatio cuenta. Los ingenieros trabajan para optimizar el consumo de las baterías, su refrigeración y la fiabilidad de todo el sistema.
Tal y como añade Carraz, "no se trata únicamente de disponer de mucha potencia, sino de no desperdiciarla. Unos segundos de funcionamiento, una maniobra o un ajuste repetido decenas de veces pueden tener un impacto muy importante en el balance energético de una regata".
Un ordenador volador... siempre bajo el control de los regatistas
El AC75 procesa miles de datos en tiempo real: velocidad, altura sobre el agua, cargas en los apéndices, posición de las velas, presión hidráulica o consumo eléctrico.
Toda esta información permite a la tripulación comprender el comportamiento del barco y actuar con una precisión extrema. Sin embargo, el reglamento prohíbe que estos datos se utilicen para crear un piloto automático: las decisiones deben seguir siendo exclusivamente humanas.
Por ello, buena parte del trabajo del equipo técnico se centra en perfeccionar la interfaz entre el barco y la tripulación: pantallas, mandos, volantes, controles y secuencias de maniobra.
"El objetivo no es sustituir al regatista por un ordenador, sino proporcionarle la información adecuada en el momento oportuno y garantizar que cada orden se ejecute de forma inmediata. A estas velocidades, un mando difícil de localizar o una información mal presentada puede costar una gran pérdida de distancia",señala el director técnico del equipo.
El reto consiste, por tanto, en lograr una paradoja: hacer que el barco sea técnicamente cada vez más sofisticado sin dejar de ser sencillo de manejar a velocidades superiores a los 80 o 90 km/h, entre ruido, vibraciones y bajo una enorme presión competitiva.
El rendimiento está en los pequeños detalles
Al mantenerse prácticamente intacto el casco, la batalla tecnológica se traslada ahora a elementos menos visibles para el público: los foils, el timón, las velas, los sistemas de control o la aerodinámica de la cubierta y los cockpits.
Los foils desempeñarán un papel especialmente determinante. Son los responsables de elevar el AC75 sobre el agua, y su geometría, rigidez y capacidad para mantener una altura de vuelo estable influyen directamente en la velocidad del barco.
La configuración utilizada durante esta primera navegación no será necesariamente la que compita en Nápoles. El desarrollo continuará a lo largo de toda la campaña.
"La primera botadura no representa una configuración definitiva. Es simplemente nuestro punto de partida. Ahora mediremos, compararemos, analizaremos y haremos evolucionar el barco progresivamente. En la America's Cup, el rendimiento rara vez nace de una única gran innovación; surge de cientos de pequeños detalles que, juntos, terminan marcando la diferencia", afirma Carraz.
De la simulación a la realidad
Antes de volver al agua, una parte muy importante del trabajo se desarrolló mediante herramientas digitales: modelización tridimensional, cálculos estructurales, simulaciones de flujos de aire y agua, análisis de sistemas y ensayos en banco.
Sin embargo, ningún modelo es capaz de reproducir completamente la complejidad de un AC75 navegando. Las primeras salidas servirán para contrastar las hipótesis de los ingenieros con el comportamiento real del barco.
En esta fase inicial, las prioridades serán la seguridad y la fiabilidad. El equipo comprobará el funcionamiento de todos los sistemas, el consumo energético, las temperaturas, la comunicación entre los distintos equipos y la adaptación de la tripulación a sus nuevos puestos.
Carraz explica que "en las primeras salidas no buscamos inmediatamente la máxima velocidad. Avanzamos paso a paso. Primero debemos comprobar que todos los sistemas funcionan como esperamos y, después, ir aumentando progresivamente la exigencia. El rendimiento solo llega cuando el barco es fiable y la tripulación lo conoce a la perfección".
Cada navegación generará una enorme cantidad de datos que serán analizados por los ingenieros en tierra y comparados con las sensaciones de los regatistas. Ese ciclo continuo entre navegación, análisis y evolución constituirá el núcleo del programa técnico durante los próximos meses.
Un símbolo de la ingeniería francesa con impacto económico y científico
Diseñado en Vannes en 2023 y preparado y gestionado actualmente desde Lorient, el AC75 reúne competencias procedentes no solo de la vela de alta competición, sino también de la industria, la ingeniería, la electrónica, la tecnología digital y la investigación.
Su regreso al agua marca una nueva etapa en la campaña francesa hacia la 38ª America's Cup y refleja la ambición de La Roche-Posay Racing Team de construir, alrededor de este barco, un equipo capaz de dominar una de las máquinas deportivas más complejas del mundo. Un proyecto que, además, genera empleo altamente cualificado y un importante impacto económico y científico tanto en la región como a escala nacional, que va mucho más allá del ámbito de la vela.
Antoine Carraz concluye: "El AC75 de La Roche-Posay Racing Team es el resultado de un auténtico trabajo colectivo. Detrás de los cinco regatistas que veremos a bordo hay ingenieros, técnicos, constructores, especialistas en electrónica, expertos en hidráulica y numerosos socios. La botadura materializa todo ese trabajo. A partir de hoy, nuestro objetivo es transformar ese conocimiento técnico en rendimiento sobre el agua".
Como tercer AC75 en volver al agua entre los equipos inscritos en la 38ª America's Cup, La Roche-Posay Racing Team inicia una nueva etapa de su campaña: el regreso a la navegación de un barco reconocible por fuera, pero profundamente renovado en su interior y plenamente enfocado en el objetivo de Nápoles 2027.
Stephan Kandler, CEO de K-Challenge, afirma: "Tras nuestro prometedor debut en la primera regata oficial disputada el pasado mes de mayo en Cagliari, ver navegar por primera vez nuestro AC75 en Francia supone un momento muy especial para todo el equipo. Esta botadura culmina meses de trabajo desarrollados en Lorient por nuestros regatistas, ingenieros, técnicos y socios. Ser el tercer equipo en volver a poner su AC75 en el agua demuestra el impulso que hemos adquirido y todo el camino recorrido desde Barcelona, sin detenernos en ningún momento. Con su nueva imagen, el barco representa plenamente el proyecto que estamos construyendo junto a La Roche-Posay: una campaña francesa de largo recorrido basada en la ciencia, la innovación y la búsqueda constante del rendimiento. Estas primeras navegaciones marcan un hito importante y abren una nueva etapa de trabajo en el agua, con un objetivo muy claro: seguir mejorando cada día de cara a Nápoles 2027".
Programa 2026 de La Roche-Posay Racing Team
29 de junio - 17 de julio: entrenamientos en Lorient.
1 - 14 de agosto: entrenamientos en Lorient.
Mediados de agosto - finales de septiembre: traslado a Nápoles.
24 - 27 de septiembre: Preliminary Regatta de Nápoles con el AC40.
Octubre: inicio de los entrenamientos del AC75 en Nápoles, sede de la 38ª America's Cup.
1 - 14 de agosto: entrenamientos en Lorient.
Mediados de agosto - finales de septiembre: traslado a Nápoles.
24 - 27 de septiembre: Preliminary Regatta de Nápoles con el AC40.
Octubre: inicio de los entrenamientos del AC75 en Nápoles, sede de la 38ª America's Cup.
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