martes, 29 de septiembre de 2026

Josep Cusí, el armador que convirtió al Bribón en leyenda

 La vela española despide a Josep Cusí, fallecido en Barcelona el pasado 19 de agosto a los 92 años. Empresario, deportista olímpico y armador de la histórica saga Bribón, su nombre permanecerá unido a algunas de las páginas más brillantes de nuestra vela y a una amistad de más de medio siglo con S. M. el rey don Juan Carlos.


Hablar de Josep Cusí es hacerlo de uno de los grandes armadores de la historia de la vela española. Durante décadas fue el alma, el impulsor y el responsable de mantener vivo el proyecto deportivo Bribón, una saga de embarcaciones que atravesó varias generaciones, clases y fórmulas de competición.

Junto al rey Juan Carlos formó uno de los tándems más reconocibles del deporte náutico español. Cusí ejercía como armador; don Juan Carlos, como patrón y timonel. Alrededor de ambos navegaron algunos de los mejores regatistas españoles de cada época, creando equipos competitivos, profesionales y capaces de medirse con las grandes figuras internacionales.

Su relación estuvo basada en una pasión compartida por la competición, pero fue mucho más allá de las regatas. A lo largo de más de medio siglo construyeron una amistad marcada por la confianza, la lealtad y miles de horas compartidas en el mar.

Deportista antes que armador
El carácter competitivo de Josep Cusí se manifestó mucho antes de la aparición del primer Bribón. Desde muy joven destacó en distintas disciplinas deportivas, siempre con una combinación de preparación, valentía y voluntad de superación.
Fue nadador de competición y campeón de Cataluña de los 100 metros libres. También jugó durante dos temporadas a waterpolo en el Club Natació Barcelona y practicó el submarinismo cuando todavía era una actividad reservada a muy pocos especialistas.
Su fascinación por el mundo submarino le llevó a participar en una expedición por el mar Rojo a bordo del Calypso de Jacques Cousteau. Esta experiencia refleja su espíritu aventurero y una vinculación con el mar que posteriormente encontraría en la vela su expresión más duradera
También destacó en el tiro al plato. Después de competir al máximo nivel nacional e internacional, representó a España en los Juegos Olímpicos de México de 1968, en la modalidad de foso olímpico. Aquella participación confirmó una trayectoria deportiva que ya habría resultado sobresaliente incluso sin su posterior dedicación a las regatas.
Cusí no entendía el deporte como un simple entretenimiento. Le interesaban la preparación, el trabajo colectivo y la búsqueda constante de mejoras. Esa mentalidad sería fundamental para convertir la saga Bribón en uno de los proyectos más longevos y exitosos de la vela española.


El nacimiento del Bribón
La historia comenzó a principios de los años setenta, durante la preparación del equipo español de vela para los Juegos Olímpicos de Múnich 1972. El enonces príncipe Juan Carlos competía en la clase Dragón, mientras que Josep Cusí colaboraba con la estructura deportiva.
En aquella época adquirieron dos barcos prácticamente idénticos de la clase Half Ton, diseñados por el legendario regatista y proyectista danés Paul Elvstrøm. Cusí bautizó el suyo como Bribón, mientras que don Juan Carlos llamó Shere Khan al suyo. Durante los primeros años compitieron como rivales, aunque aquella rivalidad pronto se transformó en una alianza. En 1976, con la llegada del Bribón II, don Juan Carlos se incorporó al proyecto como patrón y Cusí asumió plenamente su papel como armador.
Comenzaba así una trayectoria conjunta que se prolongaría durante cerca de cuatro décadas. Las sucesivas unidades del Bribón representaron al Real Club Náutico de Barcelona y se convirtieron en una presencia habitual en las grandes regatas españolas y mediterráneas. El nombre elegido por Cusí resumía parte de la filosofía del equipo. Para competir no solo era necesario disponer de un buen barco y una tripulación preparada; también había que ser rápido, inteligente, sagaz y saber interpretar cada situación.


Una escuela de grandes regatistas
El Bribón fue mucho más que una sucesión de veleros. Se convirtió en una auténtica escuela de regatistas y en un punto de encuentro para varias generaciones de la vela española.
Por sus tripulaciones pasaron nombres como Antonio Gorostegui, José Luis Doreste, Alejandro Guasch y numerosos navegantes que posteriormente desarrollarían importantes trayectorias olímpicas y profesionales. También navegó a bordo Constantino de Grecia, otro apasionado de la alta competición y medallista olímpico. Cusí sabía reunir talento, crear equipos y proporcionarles los medios necesarios para competir al máximo nivel. No era un armador distante. Conocía el funcionamiento del barco, participaba en las decisiones y compartía con la tripulación la presión y la emoción de cada campaña.
Su forma de entender el proyecto se basaba en la continuidad. Cada nuevo Bribón incorporaba avances técnicos, nuevas soluciones de diseño y una tripulación adaptada a las exigencias de su clase. El objetivo no era simplemente participar, sino mantenerse entre los mejores.
Esta constancia permitió que la saga sobreviviera a los profundos cambios experimentados por la vela de competición. Los barcos, los materiales y los reglamentos evolucionaron, pero el nombre Bribón continuó ocupando un lugar destacado en las líneas de salida.

El Bribón y la Copa del Rey
La relación entre el Bribón y la Copa del Rey de Vela forma parte de la historia de la regata. Desde sus primeras ediciones en la bahía de Palma, la presencia del barco de Josep Cusí y del rey Juan Carlos contribuyó decisivamente a dar visibilidad a una competición que terminaría convirtiéndose en una de las grandes citas del calendario internacional.


Cusí y don Juan Carlos ganaron juntos la Copa del Rey en cinco ocasiones: 1984, 1985, 1993, 1994 y 2000. Cada triunfo correspondió a una etapa diferente de la evolución del equipo, pero todos compartieron el mismo espíritu competitivo. La importancia del Bribón no puede medirse únicamente por sus victorias. La presencia del monarca a la caña atrajo la atención de los medios y acercó las regatas a un público mucho más amplio. Sin embargo, detrás de aquella repercusión existía un proyecto deportivo serio, exigente y preparado para enfrentarse a las mejores tripulaciones.
Josep Cusí fue la figura imprescindible que mantuvo en funcionamiento esa estructura. Su trabajo como armador proporcionó continuidad al proyecto, permitió renovar las embarcaciones y reunió a profesionales capaces de competir al más alto nivel.

Pionero de los TP52
Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria llegó con la incorporación del Bribón a la clase TP52. A partir de 2005, Cusí contribuyó a la implantación en España de estos monocascos de altas prestaciones y se convirtió en uno de los principales defensores de la nueva fórmula.


Los TP52 representaban una transformación profunda. Eran barcos rápidos, exigentes y muy técnicos, diseñados para tripulaciones profesionales. El Bribón fue uno de los primeros proyectos españoles en apostar por ellos y compitió en el circuito MedCup, antecedente de las actuales 52 Super Series.
Cusí ejerció como representante y embajador de los armadores de la clase, ayudando a consolidar un circuito que situó durante años al Mediterráneo en el centro de la vela profesional internacional.
Aquella apuesta demostró nuevamente su capacidad para evolucionar. Después de varias décadas en competición, continuaba interesado en las embarcaciones más avanzadas, los nuevos reglamentos y las fórmulas capaces de atraer a los mejores equipos.

El pabellón del último TP52 Bribón, firmado por toda la tripulación, fue entregado a José Cusí con motivo de su retirada, anunciada durante la Audi MedCup de Barcelona de 2011.

El legado continúa navegando
La retirada de las grandes campañas oceánicas y de los circuitos profesionales no significó la desaparición del nombre Bribón. En los últimos años, la saga encontró continuidad en la clase 6 Metros, donde don Juan Carlos siguió compitiendo al frente de una tripulación experimentada.
Esta nueva etapa recuperó una navegación más clásica y permitió mantener vivo un nombre que ya forma parte del patrimonio deportivo español. El Bribón continuó participando en campeonatos nacionales e internacionales, demostrando que el proyecto creado por Cusí era mucho más que una embarcación concreta. Su legado también permanece en las generaciones de regatistas que navegaron bajo su grímpola, en la consolidación de la Copa del Rey y en el desarrollo de la vela profesional española.
Josep Cusí recibió a lo largo de su vida numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla Nacional al Mérito Deportivo, la Medalla de la Ciudad de Barcelona, la Gran Cruz del Mérito Naval y la Legión de Honor francesa.
Pero probablemente su mayor legado sea haber demostrado lo que un armador comprometido puede aportar al deporte. Cusí no se limitó a comprar barcos. Creó equipos, descubrió talento, impulsó clases y mantuvo durante décadas un proyecto capaz de representar a la vela española en todo el mundo.
Con su fallecimiento desaparece un deportista excepcional, un armador irrepetible y una de las figuras fundamentales de nuestra historia náutica. Para el rey Juan Carlos se va uno de sus amigos más fieles. Para la vela española, el hombre que convirtió el nombre Bribón en leyenda.


Una amistad nacida en el deporte
La relación entre Josep Cusí y el rey Juan Carlos comenzó antes de sus campañas de vela, pero fue en el mar donde se convirtió en una amistad inseparable. En el Bribón, el protocolo quedaba en tierra. A bordo, cada tripulante tenía una responsabilidad y el resultado dependía del trabajo colectivo. Cusí siempre destacó el carácter competitivo del monarca, su capacidad para analizar los errores y su disposición para trabajar como uno más dentro del equipo.
Juntos compartieron victorias, derrotas, largas jornadas de entrenamiento y travesías en condiciones muy distintas.
Esa convivencia creó una confianza que se mantuvo durante el resto de sus vidas. Incluso cuando la salud de Cusí y la residencia de don Juan Carlos en Abu Dabi dificultaron los encuentros, ambos conservaron un contacto frecuente.
Tras conocerse la muerte de su amigo, el rey emérito viajó a Barcelona para asistir a su despedida. Fue el último gesto de una amistad que había comenzado alrededor del deporte y que terminó convirtiéndose en una relación personal de extraordinaria profundidad.

Fuente: MARES Nautical Magazine

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©Luis Fernandez



Luis Fernández es fotógrafo especializado en deportes náuticos y editor de lamarsalada.info, un medio independiente desde el que desde hace años documenta la actualidad de la vela con un enfoque riguroso y una marcada identidad visual. Su trabajo combina información y fotografía, convirtiendo al portal en una referencia para aficionados, regatistas y profesionales del sector gracias a la calidad de sus contenidos y a la colaboración de destacados periodistas y fotógrafos nacionales e internacionales.
Su vinculación con la vela comenzó de forma tardía, como tripulante en regatas del golfo de Vizcaya. Aquella afición terminó convirtiéndose en una auténtica pasión que le llevó a conocer este deporte desde distintas perspectivas: navegante, asistente del jurado, fotógrafo y cronista.
En 2012 recibió el Premio al Fotógrafo del Año de la Real Federación Española de Vela, un reconocimiento a su capacidad para captar la intensidad de la competición y la belleza del mar. Además, ha participado en cinco ediciones del prestigioso concurso Yacht Racing Image Award, logrando en todas ellas situar su fotografía entre las veinte finalistas, en la Colección de Honor.
Dedica gran parte de su tiempo a recorrer los principales circuitos nacionales e internacionales, alternando la cubierta de un barco con la lancha de prensa para ofrecer una mirada cercana de las regatas. Cuando la imagen no basta para contar la historia, también escribe, convencido de que las mejores competiciones merecen ser narradas además de fotografiadas.
Autodidacta y aunque nunca se ha dedicado profesionalmente a la fotografía, su trabajo ha alcanzado un amplio reconocimiento en el mundo de la vela, colaborando con clubes, organizaciones y publicaciones de prestigio internacional.